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Historia

A finales de 1967, cuando casi nadie en la Argentina pensaba en las necesidades especiales de la tercera edad, un grupo de visionarios fundó la Asociación Mutual Israelita Vidalinda, una entidad sin fines de lucro cuyo propósito es brindar a las personas mayores una propuesta de vida diferente, dentro de un ámbito comunitario judío. A ese efecto construyeron un edificio de 15 pisos en el que los miembros de la mutual disfrutan de sus departamentos individuales, y cuentan con amplios espacios comunes en los que pueden desarrollar una vida socialmente activa, saludable, tranquila y protegida, acompañados por sus pares.

La idea de crear Vidalinda surgió independientemente de dos matrimonios de inmigrantes judíos alemanes –Pablo e Ilse Taussik, y Juan y Carlota Caro– que, cada uno por su lado, se habían planteado un mismo objetivo: encontrar un lugar donde los miembros de la comunidad pudieran evitar la soledad y tener un ámbito protegido, cuando sus hijos partieran para formar sus propias familias y sus casas o departamentos quedaran grandes y vacíos.

Marcelo, hijo de Pablo e Ilse Taussik, a quien muchos conocemos por su trayectoria comunitaria, cuenta que durante los años de su adolescencia, Vidalinda era un tema permanente de conversación en su casa. “Mi papá encontró un terreno en la calle Vidal que le parecía adecuado para construir el edificio, y decidió publicar un aviso clasificado en el periódico Argentinische Tageblatt pidiendo que los interesados en participar en la compra le enviaran una carta con sus datos a una casilla de correo. Se necesitaba reunir un mínimo de 30 personas para la compra del terreno… y una semana después, cuando se abrió esa casilla de correo, se encontraron 72 respuestas!”. Y continúa: “La clave del éxito de este emprendimiento fue que todo se hizo auténticamente sin fines de lucro. A este proyecto se sumaron muchos que luego participaron en la administración de la construcción, que se llevó a cabo en solo 3 años.”

Incluso el nombre de la mutual tiene que ver con la familia Taussik: según Marcelo, “A mi mamá se le ocurrió jugar con el nombre de la calle y con el concepto de desarrollar un espacio en el que los mayores pudieran tener una linda vida, y así surgió el nombre ‘Vidalinda’…”
Andrés, hijo de Juan y Carlota Caro, comenta que sus padres “comenzaron a pensar en construir una residencia para mayores en 1966, después de conocer edificios de este tipo en Israel y en Nueva York”, y agrega: “a mediados de 1967 tomaron conocimiento de que el matrimonio Taussik estaba evaluando la misma idea, y comenzaron a trabajar juntos”.

En octubre de 1967, los Caro y los Taussik tuvieron la primer reunión con los interesados, y con el aporte de 70 de ellos, a finales de ese mismo año se adquirió el terreno y se creó la Asociación Mutual Israelita Vidalinda.

Tras innumerables estudios y consultas de arquitectura, legales, contables, etc., la piedra fundamental se colocó en octubre de 1968, logrando concretar la inauguración oficial del edificio en diciembre de 1970.

Desde entonces, el funcionamiento de la mutual y del edificio es supervisado por un consejo directivo de ocho personas, ad honorem, que administran las inversiones y los gastos con el mismo criterio que cada uno aplicaría para la administración de un departamento o casa propia.
Hoy, medio siglo después, es indudable que el objetivo que se plantearon los fundadores y quienes los acompañaron en el esfuerzo fue exitoso, ya que Vidalinda es todavía una experiencia inusual en nuestro país, que ha permitido que centenares de adultos mayores disfrutaran a pleno sus años de madurez.

A título de ejemplo de cómo ha sido recogida la experiencia de Vidalinda en los medios en los últimos tiempos, invitamos a ver la nota publicada por el diario La Nación y el informe que se emitió en el programa Telenoche, el noticiero del Canal 13.